jueves, 25 de junio de 2015

Historia enlazada

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Historia

Finalmente había llegado el momento. La joven Yukiko iba a hacer por fin su debut como aprendiza de geisha. Había muchos preparativos que hacer. El primer paso era hacerse el peinado característico de las aprendizas de geisha. En el barrio de Gion, en aquella época, había bastantes peluquerías. La de Mika, la hermana mayor de Yukiko, estaba en una sala terriblemente abarrotada encima de un restaurante típico donde se come anguila. Cuando llegaron a la peluquería, Yukiko tuvo que estar esperando casi dos horas a que le tocara su turno en una pequeña sala, con otras seis geishas, todas arrodilladas en el suelo. Conforme pasaba el tiempo, y llegaban más mujeres, comenzó a formarse cola incluso fuera del local. Por desgracia, no era una espera agradable, cómoda o amena. En este tipo de peluquerías, el olor a pelo sucio solía ser abrumador. Los elaborados peinados que las geishas solían llevar requerían pasara varias horas en la peluquería, y mucho esfuerzo por parte del peluquero por ser peinados elaborados, por lo que resultaban tan caros que nadie iba a la peluquería más de una vez a la semana. Una semana, en la que las aprendices y las geishas, no se lavaban el pelo. Cuando por fin llegó el turno de Yukiko, lo primero que hizo el peluquero fue ponerle la cabeza sobre un gran barreño. Luego, vertió sobre la cabeza de la aprendiz un cubo de agua tibia y empezó a frotarla enérgicamente con jabón. Después, procedió a desenredarle el pelo con un peine de madera, para luego, untar el pelo con aceite de camelia, lo cual le daba un bonito brillo, y después, aplicar cera. Yukiko ya tenía el cuero cabelludo dolorido por los tirones, y mientras aguantaba, solo esperaba que las historias que le habían contado, de geishas que terminaban con calvas por culpa de tantos tirones, no fueran ciertas. Aun quedaba el último paso, la elaboración propia del peinado. El peinado que le estaban haciendo, llevaba un trozo de tela visible en el moño, que en el caso de las aprendices, era siempre de color rojo. Yukiko se los colocaría en el peinado los distintos adornos cuando fuera a trabajar. Con estos peinados, las geishas, además de no poder lavarse el pelo con normalidad, tampoco podían dormir con normalidad, ya que, chafarían el peinado deformándolo todo. Para evitar esto, se solían usar un tipo de almohada especial, más parecidas a pequeños pedestales, llamados takamakura, donde las geishas colocaban la nuca. Con el peinado listo, a Yukiko le tocaba prepararse para llevar el atuendo completo de las aprendizas de geisha. Para practicar, le hicieron llevar el vestuario completo en la okiya, para acostumbrarse. Al principio apenas podía andar y le asustaba caerse. La vestimenta de las jóvenes es mucho más ornamentada que la de las geishas mayores, lo que significa que los kimonos son de colores más vivos, con tejidos más llamativos y además el obi más largo. Una geisha madura llevará el obi atado en un «nudo tambor», muy simple y recogido, el cual no requiere gran cantidad de tela. Pero una geisha más joven, una aprendiz, lleva el obi atado de una forma más llamativa. Un darai obi u obi colgante, que es el más espectacular de todos. Va atado a la altura de las paletillas, y oprimiendo el pecho, para darle a la joven un aspecto más infantil, chafándole el pecho, y los extremos caen casi hasta el suelo. Independientemente de que el color del kimono sea vivo o apagado, el obi es siempre de brillantes colores. Si camináramos detrás de una aprendiza, lo primero en lo que nos fijaríamos seria en el colorido obi que le cuelga hasta el suelo, dejando ver sólo un trozo de kimono en los hombros y en los coswtados. Para conseguir este efecto el obi ha de ser tan largo que llegue de un lado al otro de la habitación. Pero no es su longitud lo que lo hace difícil de llevar, si no su peso, pues casi siempre suele ser de un denso brocado de seda. Para empeorar aún más las cosas, el propio kimono pesa también mucho y tiene unas mangas muy largas y voluminosas. Si una aprendiz pusiera los brazos en cruz, la tela de debajo de los brazos caería hacia abajo, formando algo parecido a una bolsa. A esto se le llama furí. Las mangas pueden arrastrar fácilmente por el suelo si no se tiene cuidado. Finalmente, al atuendo hay que añadirle el calzado. Los altos okobo lacados en negro, que se estrechaban como una cuña, de modo que la punta tiene la mitad de ancho que el tacón, lo que se suponía los hacía más elegantes, no hacían más que añadir dificultad a la tarea de llevar todo el atuendo. La joven Yukiko tardo varios días en acostumbrarse a caminar correctamente, ya que, además del peso de toda la tela, el kimono no permite andar con normalidad. Había que dar pasitos cortos, no se podían dar grandes zancadas, ni siquiera pasos normales, ya que la envoltura de sedano permitía movimientos más amplios, y a Yukiko le parecía muy difícil caminar delicadamente con ese calzado. Y por fin, tras muchos preparativos, llego el día de la ceremonia que uniría a Yukiko y Mika como hermanas. Solo faltaba el maquillaje, y los adornos de l pelo. Labios rojos como una flor, que destacaban en una cara completamente blanca, salvo por un ligero tono rosado en las mejillas. El cabello estabaadornado con flores de seda y ramitas de arroz si descascarillar. El kimono era formal, de color negro, como correspondía a la ocasión, con una cenefa de aguas plateadas y grullas en el bajo. Mika y Yukiko, salieron de la okiya y se pusieron en camino hacia la casa de té. La ceremonia, que no duro más de diez minutos, acudió la dueña de la casa de té también. El ritual era simple. Se servían una serie de copas con sake, y Yukiko y Mika debían beber de ellas. Después, la ceremonia se daba por terminada.

Fechas especiales para las geishas



Todos los años, el 3 de marzo, dentro de las festividades del Hina-matsuri o festival de las niñas, se celebra en el santuario Shimogamo de Kioto una ceremonia para pedir salud para todos los niños llamada Nagashibina (流し雛) a la que también acuden geishas y maikos de todos los hanamachi de la ciudad (barrios donde viven las geishas). Durante el Nagashibina, se dejan flotar pequeños barcos hechos de paja con muñecas de papel en su interior en la intersección de los ríos Kamo y Takano  en dirección al mar, pidiendo de esta manera que se lleven los malos espíritus consigo y una buena salud para todos los niños.


kitsune ken


El kitsune ken es un juego de habilidad parecido al piedra-papel-tijera que fue muy popular desde finales del periodo Edo y especialmente durante todo el periodo de Meiji, en el que los movimientos son: el zorro, el cazador y el jefe del pueblo representados con las manos a modo de orejas (zorro), las manos en los muslos (jefe) y las manos en forma de pistola (cazador).


Onsen geisha, las geishas de ciudades balneario


Los onsen, o baños termales naturales, son una de las grandes maravillas de Japón. Los japoneses suelen acudir a las llamadas “ciudades balneario” o “ciudades onsen” (destinos turísticos famosos por la calidad de sus aguas termales) con el objetivo de relajarse y disfrutar de los baños durante unos pocos días. Los hoteles de estas ciudades balneario disponen de una gran oferta de entretenimiento, aunque entre las actividades más típicas encontramos el karaoke o los banquetes con geishas. Las onsen geisha (温泉芸者), como se suele llamar a las geishas que trabajan en estos destinos, suelen ser menospreciadas por las geishas de Kioto o Tokio, ya que conseguir entrar en una okiya o casa de geishas y convertirse en geisha en una ‘ciudad onsen’ es mucho menos complicado y estricto que en Kioto, por ejemplo, donde la tradición todavía obliga a las chicas a un largo periodo de aprendizaje como shikomi, minarai y maiko. Además, el hecho de que estén en un entorno de relajación y que los huéspedes sólo lleven yukata (kimono de algodón, vestimenta típica en los pueblos onsen) hace que sus juegos y bromas sean un poco más subidos de tono que los de las geishas y maikos de Kioto o Tokio. De todas maneras, aunque se diga que las onsen geisha están menos dedicadas a las artes que sus compañeras de Kioto o Tokio, lo cierto es que sus banquetes no sólo son más económicos, sino mucho más fáciles de disfrutar, ya que suelen actuar en grandes banquetes y no tanto en reuniones íntimas como sus compañeras de Kioto o Tokio.



Kimi odori

El tercer fin de semana del mes de mayo se celebra en Asakusa el Sanja Matsuri, uno de los grandes festivales de la ciudad que nos ofrece la ocasión única de ver un espectáculo de geishas de Tokio en directo, los bailes Kumi Odori de las geishas de Asakusa, uno de los barrios de geishas de la capital nipona. Si en Kioto es cada vez más fácil acudir a alguno de los pases de los bailes de primavera (Miyako Odori) o los bailes de otoño de las geishas de Kioto, en Tokio las opciones son más limitadas. Por ello, si estamos en Tokio durante el Sanja Matsuri es muy recomendable intentar reservar algún pase para ver a las geishas de Asakusa bailar en directo en el Kumi Odori, aunque ya os aviso, es complicado :) Por ello, os dejo con un vídeo del Kumi Odori de hace unos años, así podemos imaginar que hemos estado ;)

https://www.youtube.com/watch?v=MqYK1oSJ7yI

Las maikos y geishas de miyabikai osendo



Unas 80 maikos y geishas del hanamachi o barrio de geishas de Gion Kobu en Kioto celebraron el festival Miyabikai Osendo (みやび会お千度) en el cual rezaron en el santuario Yasaka para tener buena salud y progresar con éxito en sus actividades artísticas.  El Miyabikai Osendo es una de las primeras actividades del gran festival Gion Matsuri, que se celebra durante el mes de julio en Kioto. Durante el evento, las maikos y geishas participantes fueron hasta la sala principal del santuario Yasaka donde se celebró una ceremonia de purificación. Para el evento, las geishas y maikos de Gion lucen siempre un yukata blanco con un diseño especial que cambia año tras año. Este año 2014 las geishas y maikos de Gion lucieron un precioso yukata blanco con pequeñas ranas y hojas de sauce, que encontré especialmente kawaii y que os muestro en las siguientes imágenes: